viernes, 16 de noviembre de 2018

La rutina
de no decir
de no sentir.

El Padre en el sofá
fumando pipa
manchada la boca
de tierna indiferencia

La Madre cortando tendones
sobre la encimera de la cocina.

Y el gesto
hiriendo
en la espesura
de lo que no se habla.

A los tres ya vivía en la palabra muerta.

Caídas desde el suelo al suelo mismo:
no hay final ni comienzo.
La visión del vaso antes de derramar su contenido,
la visión del momento justo antes del golpe.
Los golpes en mi cuerpo resonando a hueco,
temo romperme y ver tan vacía estoy de tanto.

Mamá, ojalá pudiera colorear la mirada.

Mamá, juega conmigo esta tarde de domingo.




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