jueves, 30 de mayo de 2013

No le voy a poner nombre, no quiero que tenga ningún límite. La quiero libre. Si le doy un nombre de alguna forma la hago mía y la veo llorando por ello, ocultando el rostro entre las sábanas de la cama. La creé desde este lugar estéril y anónimo. Mi cuerpo ya es parte del suelo frío y hostil; las raíces no quieren atesorarme entre sus ramificaciones. Yo ya no quiero ser acogida. Mis motivos son los del hombre del desierto y sus montañas que cantan las historias de los que ya no tienen voz. Y la que murió sin canto, alejada de mí y de ella, la que creé para bailar. Es un interrogante en espiral, misterio indescifrable que vive de su oscuridad poética. No debe ser resuelta, no debe ser respondida, encontrada, nombrada. Ella: siempre ella. Podría ser cualquiera, solo yo conozco a la verdadera. Pero esa es otra forma de hacerla mía.




martes, 28 de mayo de 2013

Todo era imagen

Una esfera fantasma, falta de materia. El giro la ata a la permanencia del espacio en blanco, hoja que grita silencios. Caen los puntos que formaban a la línea; caen y transforman rupturas en réplicas duales. Dos ya pueden no poder. Y es ahí cuando surge el pestañear de una figura triste de ser silueta en la ventana, en el cristal donde llueven días cansados de sucederse.

Cuadernos de la incomprensión

Devuélveme lo que nunca tuve.

lunes, 20 de mayo de 2013

Abre la puerta y detrás le espera otra puerta, implacable, cruel en su firme oposición al descubrimiento de ella; ¿realmente quieres saber qué se esconde al otro lado? ¿no prefieres volver atrás, a donde empiezan los caminos? Una segunda oportunidad para dudar. El pensamiento trémulo crece y ella empequeñece hasta tener el tamaño perfecto para pasar por el hueco de debajo la puerta. Sí: ella es temblor, neblina que se escapa, sombra que se oculta tras la sombra. Pero a veces, dentro de los quizás que nunca se contemplaron, de su debilidad nacen probabilidades de cambio, y el miedo de afuera se vuelve insignificante en comparación con los demonios de adentro. Rugen las tinieblas; la verdad no es luz. Al otro lado de la segunda puerta hay un camino de tierra que conduce a una casa muerta. Entre sus escombros se oculta una niña que se sujeta las piernas como si temiera una partida que está próxima. Ella se acerca (ha vuelto a su tamaño normal mientras caminaba hasta la casa), la niña la mira, pliegues bajo los ojos, mirada de cristalería vieja: ¿dónde está Marie? Pregunta vacía de lloro.

domingo, 12 de mayo de 2013

Como soy indecisa y no estoy acostumbrada a tener opiniones categóricas, empezaría este texto con un quizás o un tal vez, si tal vez sintiera que uso demasiado la primera opción. No lo sé. Me queda añorar los días negros por no ser consciente en aquel entonces de su negrura. Y añado, ahora que no es la hora del tiempo olvidado, que con duda pienso la noche, a ver si racionalizándola desaparece el dolor.

viernes, 10 de mayo de 2013