sábado, 4 de diciembre de 2021

Quizás si hablo

cobre sentido

este dolor


Quizás si hablo

algo se mueva

y vea donde

está el cuerpo


Quizás si hablo

recuerde o haga

de esta bruma

memoria


Quizás si hablo

tendré historia

y un qué 

para muchos

por


Quizás si no hablo

la voz me amenace

y me impulse

al salto


al silencio


Quizás si hablo

alguien más 

podrá hablar


Quizás si hablo

pueda entrar en 

un espacio

de comprensión


Quizás si hablo

todo cobre

sentido

o nada tendrá

nunca

palabras

ni voz

yo nunca tendré voz

ni grito

ni lugar

ni posibilidad

de ver

de sentir

esta ausencia

que todo lo llena

y nada define

que nada define

pero que se arrastra

tras de mí

encima de mi 

sombra

jueves, 14 de octubre de 2021

 A lo lejos. Este hogar fue en su inicio una casa vacía. El hogar vino después: ¿fue al poner los muebles? ¿Al domiciliar los pagos de los suministros? ¿Ocurrió a la primera risa en familia? ¿Al primer grito?

Esta casa en un inicio fue una cáscara abandonada por otra persona. Como toda cáscara había algún desperfecto aquí y allá; se debió echar una capa de pintura a las paredes y, antes de ello, las pintarrajeamos aún más entre los tres. Yo tenía cinco años y aún no sabía que la chimenea que tanto me gustaba empezaría a estropearse a los pocos años y acabaría usándose como un cajón más donde guardar los adornos de navidad. Tenía cinco años y era la cuarta o quinta casa donde vivía, el hogar era algo que transitaba entre las piernas y las manos de las adultas de mi vida. No importaba mucho donde estuviera o durmiera, mientras estuviera con alguna persona que me cuidara y me hiciera sentir segura. Sin embargo, ya conocía lo que era sentir miedo. De esa experiencia aprendí a seguir los pies de mi padre, pisándole los talones para no perderlo de vista. Tenía la manía de mirar al suelo y no arriba, como suelen hacer las criaturas. Pintaba y marcaba las paredes de esta nueva casa que no significaba nada para mí, más que un entretenimiento momentáneo. Posteriormente, se amuebló y decoró cada habitación y empecé a construir mi propio lugar: mi propia casa dentro de la casa. Nació mi hermana y a mi padrastro le molestó perder su despacho para hacerle una habitación. Una casa puede tener muchas o pocas habitaciones, pero no siempre se siente que se tiene un espacio dentro de ella. Mi habitación era el lugar de mis miedos y sueños. Junté el terror con la fantasía e imaginaba que algún día descubriría que había otro lugar al que debía ir, al que pertenecía de verdad. Soñaba que debía hacer la mochila y qué objetos debía llevarme para sobrevivir durante el camino. Soñaba con cabañas en el bosque y casas escondidas entre callejones de la ciudad. Me sentía cómoda en mi habitación, pero nunca me sentí segura, nunca sentí algo parecido a paz. Ni ahí ni en ningún sitio que formaba o formaron parte de mi vida de niña y adolescente. Los gritos que hacían temblar las puertas fueron aumentando y, con ellos, yo iba empequeñeciendo en vez de crecer, como debía ser, como tocaba ser. De noche alzaba la mano arriba e imaginaba que alguien me agarraba y me alzaba para alejarme y salvarme de todo aquello. Mi propia casa dentro de la casa se transformó en un cuarto sin ventanas ni puerta, una trampa-guarida perfecta donde la soledad no podía ser compartida. Sé que mamá intentó entrar, pero yo no la dejé porque no tenía mirilla por donde mirar antes de abrir una grieta. Todo lo de afuera me parecía peligroso. Era de noche y ya era de día y debía ir a la escuela, abandonar el sueño de la mochila y el viaje y adentrarme en la realidad que parecía más sueño que el sueño mismo. Entre niebla, siempre caminando entre niebla, las voces me llegan borrosas y los rostros se desdibujan y todo parece grotesco, aunque quizás no lo sea o no lo sea tanto. Andaba torpe, dando rodeos, pisando mal y torciendo el tobillo sin llegar a la lesión. Todo era tan extraño y tan rutinario.

Ahora, este ahora que dentro de poco será un ayer, tengo veintinueve años y he vivido doce fuera de esta casa. Mi habitación ya no es mía, mi padrastro ya no vive aquí y mi madre parece que sigue tumbada en su cama, intentando dormir para no sentir el dolor del cáncer que la consume por dentro desde hace años  y que ha empezado a dolerle hace poco. Pero mi madre murió la semana pasada. Desde entonces la luz de la cocina ha dejado de funcionar y yo sigo dándole los buenos días cuando paso por su cuarto. Ahora, que será ayer, estoy sola en esta casa e intento recordar qué pinté o escribí en la pared antes de ser pintada. Descubrí que mi hermana hizo marcas en la estantería para señalar su altura mientras iba creciendo. Me he enterado que el árbol seco del balcón era de la amiga de mamá que también murió de cáncer, y ella hizo crecer una selva justo debajo. He comprendido que mi niña sigue por este lugar, vagando, buscando algo que le pertenezca. Y ahora, que será ayer, sé que dentro de unos meses tendremos que irnos de aquí, mi hermana y yo, y vaciar de hogar a esta casa para que vuelva a ser cáscara. Las personas que vengan no sabrán de los bailes de mi hermana en el salón, no oirán las canciones que nos inventábamos mientras esperábamos que mamá volviera por la noche de trabajar. No sabrán que hubo gritos y silencio por parte del resto. No conocerán a mi madre, que seguro se hubiera hecho amiga enseguida. No sabrán de mis secretos guardados en un diario que ya quemé pero que no olvido. Algún mueble quedará en la acera. Alguien lo recogerá. Y yo haré una mochila con los objetos que debo llevarme para sobrevivir durante el camino.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Ha habido todo un recorrido

no sé en que momento dejé de vagar perdida por el bosque 
y empecé a abrir sendero.

Voy a atrás y camino por suelo pisado: 
ahora puedo ver bien lo que me rodea, 
lo que me rodeaba.

Siempre hablando de la misma piedra
tropezando con ella sin verla.

Ahora estudio cada muesca: ¿de qué material es? ¿Hay más como ella? 
Y voy haciendo registro de lo que hace tiempo era bruma,
creencia sombra.

Ahora,
me digo,
ahora.


jueves, 9 de septiembre de 2021

Una vez de tantas una niña se escapó de la imposición paterna rompiendo el origen opresor. Dio muchos pasos a trompicones, pues no le habían enseñado a andar en círculos como suelen ser las huidas con el miedo a la espalda. De tanto caer se encontró a otras que también caían y se tropezaban entre sí, con más o menos rencor por tales encontronazos intempestivos. Del azar también surge el vínculo y del errar algunas construyen cotidianos. Así fue que un grupo de niñas torpes con las rodillas peladas y agujetas de tanto levantarse decidieron construir en el bosque una casa-cabaña, como la de los niños perdidos. Como nunca habían construido algo parecido hubieron muchos intentos en los que sufrieron goteras por el frágil techo, frío a causa de las delgadas paredes y heridas en las manos de tanto apretar nudos para que el viento no derribase lo alzado. Con el tiempo llegaron a tener algo parecido a una casa: cuatro muros y tejado, la puerta siempre entreabierta y una bebida caliente en el fuego para compartir risas, lloros y algún que otro resbalón. Era tan inusual esta manera de hacer que ni palabras habían para describirla. A los márgenes, en el punto ciego del ojo social, siguieron sus haceres aprendiendo de ello, de ellas, del contacto y la ruptura, de los miedos pasados aún presentes, de armas que en ocasiones eran arrojadas por costumbre ancestral. Se miraban en reflejos que les devolvían la espalda de la otra y de ese baile descubrían nuevas marcas en la piel, nuevas viejas heridas que atender y escuchar. Como a capas, cada nuevo trazo da más estabilidad y forma a este hogar no perfecto pero sí sólido en su inclinación. Por las noches un fuego alumbra sus figuras: una de ellas cuenta la misma anécdota que tan bien conocen. No importa cuantas veces la repitan, siguen riendo con tierna complicidad cada vez.

lunes, 26 de abril de 2021

Hay unos ojos que me miran
unos ojos que vigilan
unos ojos que me siguen
cuando me giro
desaparecen
y al volver a mirar al frente
siguen ahí

Habitación mal iluminada

ventana abierta

una farola ilumina la estancia

desde la cama me parece que los muñecos se mueven

son las sombras que cobran vida a la noche

es como ver humo con los ojos cerrados

en la niebla las sombras son personas

y durante el día las personas son sombras

domingo, 18 de abril de 2021

es como si el mundo fuera cóncavo en vez de cuenco

pero estoy yo

es como si hubieran dado la vuelta a todos los edificios

pero estoy yo

es como si no existiera el aire, solo tormenta

pero estoy yo

es como si no pudiera haber vida

pero estoy  yo