lunes, 20 de mayo de 2013
Abre la puerta y detrás le espera otra puerta, implacable, cruel en su firme oposición al descubrimiento de ella; ¿realmente quieres saber qué se esconde al otro lado? ¿no prefieres volver atrás, a donde empiezan los caminos? Una segunda oportunidad para dudar. El pensamiento trémulo crece y ella empequeñece hasta tener el tamaño perfecto para pasar por el hueco de debajo la puerta. Sí: ella es temblor, neblina que se escapa, sombra que se oculta tras la sombra. Pero a veces, dentro de los quizás que nunca se contemplaron, de su debilidad nacen probabilidades de cambio, y el miedo de afuera se vuelve insignificante en comparación con los demonios de adentro. Rugen las tinieblas; la verdad no es luz. Al otro lado de la segunda puerta hay un camino de tierra que conduce a una casa muerta. Entre sus escombros se oculta una niña que se sujeta las piernas como si temiera una partida que está próxima. Ella se acerca (ha vuelto a su tamaño normal mientras caminaba hasta la casa), la niña la mira, pliegues bajo los ojos, mirada de cristalería vieja: ¿dónde está Marie? Pregunta vacía de lloro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario