Es la noche la cesta de mis remiendos, telaraña descosida, no me da la tela ni para abrigarme la mirada
Cansada, ando tropezando, tropezandome con la misma muesca que me mira y grita. Con miedo a la caída, me animo, obligo, a no dejar la fila de pasos. Me veo y no me siento, la razón se vuelve mi propio infierno, no miento cuando digo que lo intento y que parece que no hay manera, yo frustrada, todas frustradas, quizás no me queda más sitios para peros, pero no se si pienso lo mismo o es que me evito, eterna huida.
Fallar se me da fatal, porque sigo errando en mi caminar y el canto palpitante cada mañana, luz o sombra, no importa, constante vital que intento más que entender, dejarme emocionar.
Adiós luna, adiós estrellas, adiós montañas, adiós rios. A todos: adiós. Vuelvo al acertijo, a la sombra que engendra destellos. Pienso-solo pienso-, sonido intacto anclado en el momento de la herida abierta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario