domingo, 3 de noviembre de 2019

A la mañana el canto palpitante
Es la noche la cesta de mis remiendos, telaraña descosida, no me da la tela ni para abrigarme la mirada

Cansada, ando tropezando, tropezandome con la misma muesca que me mira y grita. Con miedo a la caída, me animo, obligo, a no dejar la fila de pasos. Me veo y no me siento, la razón se vuelve mi propio infierno, no miento cuando digo que lo intento y que parece que no hay manera, yo frustrada, todas frustradas, quizás no me queda más sitios para peros, pero no se si pienso lo mismo o es que me evito, eterna huida. 

Fallar se me da fatal, porque sigo errando en mi caminar y el canto palpitante cada mañana, luz o sombra, no importa, constante vital que intento más que entender, dejarme emocionar.

Adiós luna, adiós estrellas, adiós montañas, adiós rios. A todos: adiós. Vuelvo al acertijo, a la sombra que engendra destellos. Pienso-solo pienso-, sonido intacto anclado en el momento de la herida abierta.

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