¿Dónde está Marie?
¿Estuvo ella aquí, en esta habitación? ¿Fue su mano la que escribió esta frase en la pared, como si se desconociera, como si quisiera que alguien la encontrara y se la presentara? Ella es...
Pobre Marie; ¡que alguien la avise! No puede vagar sin saber la pena tan profunda que está surgiendo de la imposición de lo nombrado.
¿Por qué conozco el nombre de una desconocida?
¿De dónde viene esta tristeza?
¿Dónde está Marie?
¿Dónde está Lucia?
¿Dónde...?
-Fin: continuación-
El pasillo de las mil puertas es el sitio idóneo para quien quiere descubrir(se)-(la)-(lo). Pero oculta una oscura verdad, un secreto doloroso: cada puerta muestra un mundo ocultando otro. Y el Otro es herido. La herida podría ser letal. Y si ello sucediera, ella olvidaría. Si ella olvida irá detrás de una ausencia. Del nómada a la sombra; pasos de huella vacía. Entonces, en caso de que ello sucediera realmente (verídicamente): ¿alguien escribiría aquel que había sido su nombre en alguna pared, en alguna habitación, tras alguna puerta? La libertad de ella es frágil; se encuentra a un soplo de la caída. El abismo, la Nada se extiende, negra y/o blanca, y si la caída se produce el sujeto libre volverá al desconocimiento del que aún no ha nacido, del que aún no ha encontrado el momento de nacer.
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