martes, 25 de junio de 2013

Cerró la puerta de casa de un portazo. Así es cómo quiso marcharse. Nos dejó silencio y el silencio da mucho miedo.
La madre peinaba el cabello de la hija. La niña sabe que lo hace porque desde ese lado puede ver la puerta y vigilar un regreso improbable. Ojalá no vuelva, piensa ella, aunque desde el golpe siente escalofríos cuando mira los ojos de su madre. Ella parece no ver nada, se mueve como un fantasma. Háblame, suplica, pero ambas callan. Si hay algo que da más miedo que el propio silencio es romper su tiranía acústica.

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