Hay días en que durante mi despertar me acompaña un murmullo inquisidor de fondo, mientras aún camino encima de la peligrosa línea realidad/evasión.
Es ahí donde aparece esta sombra temblorosa que me hace dudar, que me hace temer al sonido. Y nada es silencio, porque aún resuenan los gritos en mi cabeza.
Y pienso en esos colores de mis dibujos de niña. Y quiero volver ahí, al dibujo, no a mi niñez.
La sombra duda, y ya no recuerda si le tocaba el papel de sombra o de persona.
Las personas a veces también tiemblan.
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