lunes, 25 de noviembre de 2013
Hay un paso que marca la diferencia entre lejos y cerca. Si me descuento del ritmo viajero puedo caer en esa fatalidad y ello haría que no supiera si abandono aquel lugar o vuelvo a donde nunca fui. Es tal el temor que temo caer en el no-movimiento; caer del suelo al mismo suelo y que la tierra no quiera reconocerme por ser mi cuerpo recipiente vacío de mí; sin mundo que pisar, sin pie que pise. Si parto tan lejos que se parten las distancias puede que me desdoble o sea arrojada de mí misma. Puede que no me reconozca al pasar frente de mí el yo roto; o puede que muera al verme y sienta morir los ojos que miran.
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